HELDTH X MYVAN: Una visita a Foster & Son.

Richard Edgecliffe-Johnson en la tienda de Foster & Son

En Jermyn Street 83, situada en el corazón de Londres, se encuentra Foster & Son, la fábrica de zapatos a la medida más antigua de Gran Bretaña. Se trata de una firma ampliamente conocida por la exquisita calidad de sus productos, que se elaboran en un pequeño y refinado taller. La empresa dispone, además, de una tienda cuyo interior decorado en madera irradia un encanto ancestral.

170 años de exquisita calidad.

Jermyn Street es una calle lateral situada a poca distancia del Palacio de Buckingham, en la cual abundan las pequeñas y exclusivas tiendas de ropa y calzado para hombres. En el número 83 se encuentran la sala de ventas y el taller de Foster & Son, la fábrica de zapatos a la medida más antigua de Gran Bretaña, que desde 1840 viene fabricando los zapatos y las botas más exquisitas que se puedan hallar en el mercado. Desde su fundación casi nada ha cambiado, e incluso las herramientas y los materiales utilizados siguen siendo, en esencia, los mismos que hace 170 años.

Richard Edgecliffe-Johnson junto a otros dos hombres, en la tienda de Foster & Son

Foster & Son apuesta por la tradición artesanal británica

Tradición artesanal británica.

Tras la cristalera nos espera un ambiente que hace olvidar totalmente el vértigo de Londres. De pie, sobre una gruesa y mullida alfombra que absorbe cualquier ruido y en medio del aroma embriagador del cuero y la cera de abeja, Richard Edgecliffe-Johnson, director de Foster & Son, nos saluda en su cálido inglés de Oxford y con una sonrisa astuta. Aunque, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la empresa haya dejado de ser de propiedad familiar, Foster & Son no es hoy, ni mucho menos, un consorcio multinacional con un capital millonario y sin sensibilidad alguna. La tradición británica de la artesanía constituye la espina dorsal de esta empresa mundialmente conocida, provista de una pequeña tienda.

  • Vista exterior de Foster & Son
  • Maletines hechos a mano en una repisa.
  • Dos hombres contemplan un escaparate en el que se exhiben zapatos.
  • Zapatos alineados en un estante

Un viaje al pasado: el archivo.

Una estrecha escalera situada tras una puerta semi oculta nos lleva al piso superior, de cuyas paredes cuelgan cientos de hormas marcadas con nombres y cifras. Entramos al archivo de la empresa, un lugar protegido celosamente por sus encargados. Nos salen al paso las hormas de aquellos zapatos y botas a la medida que han hecho famosa a la empresa Foster & Son. Desde arriba nos llega el leve sonido del cuero al ser manipulado, que acompaña al suave crujir de los peldaños de madera bajo nuestros pies.

Un empleado de Foster & Son enseña a un cliente un zapato hecho a mano

El rey Jorge V del Reino Unido, uno de los pocos clientes de Foster & Son cuya identidad la empresa ha accedido a revelar

Clientela real.

En una de las paredes del recibidor del taller cuelga un diploma manuscrito firmado por el rey Jorge V del Reino Unido, uno de los pocos clientes de Foster & Son cuya identidad la empresa ha accedido a revelar. En la gran mayoría de los casos, el silencio al respecto es absoluto. Y es que la discreción constituye un elemento altamente valorado por los  ricos y poderosos de todo el mundo que desde los inicios de la casa han formado parte de su cartera de clientes. Los aromas de cuero y pegamento se van entremezclando para acompañar al omnipresente espíritu de la tradición y a la reverencia que inspira el magnífico trabajo de los maestros.

Tres personas se encuentran en el taller donde se fabrican los zapatos

Mientras Míster Edgecliffe-Johnson expone los diversos pasos de la elaboración, los empleados van mostrando los estados por los que pasa el zapato hasta convertirse en producto terminado.

Un trabajador corta una pieza de cuero.

El cuero se debe cortar con precisión milimétrica antes de la costura.

El empeine de un zapato es tratado sobre una horma.

Una vez finalizado el trabajo más grueso, se realiza el acabado fino para obtener el producto final.

Edgecliffe-Johnson muestra un zapato a la medida terminado

Edgecliffe-Johnson muestra un magnífico zapato a la medida terminado.

Pasión y amor por los detalles.

Los tres jóvenes maestros zapateros trabajan con gran habilidad y concentración. Mientras Míster Edgecliffe-Johnson nos expone los diversos pasos de la elaboración, los maestros van mostrando de forma sucinta los estados por los que pasa el zapato hasta convertirse en producto terminado. El ambiente irradia una agradable calma y en él se siente la pasión con la que durante más de cien años se ha cultivado aquí esta técnica artesanal. Entre la orden de pedido y la entrega de un par de zapatos a la medida de Foster & Son trascurre un tiempo mínimo de diez meses. Este plazo se debe, por una parte, a la alta demanda y, por otra, al gran cuidado con que se debe tratar el cuero para darle su forma definitiva.

Media vuelta al mundo por un par de zapatos.

De vuelta en la tienda escuchamos algunas de las anécdotas que mejor reflejan la imagen de esta tradicional empresa. Una de ellas trata de un cliente de Europa Oriental con una agenda repleta de actividades y para el que aún no se habían confeccionado las hormas requeridas. Ante ello, la empresa decidió que para tomar las medidas al cliente uno de sus maestros se desplazara en avión a su propio lugar de residencia. Pero como el interesado seguía muy ocupado, la tarea se tuvo que aplazar en reiteradas ocasiones y no se cumplió sino al cabo de una semana, durante la cual el paciente zapatero tuvo incluso que volar a París detrás del cliente, quien obviamente corrió con todos los gastos.

El empeine de un zapato es tratado sobre una horma.

Una vez finalizado el trabajo más grueso, se realiza el acabado fino para obtener el producto final.

La artesanía clásica en los tiempos modernos.

Junto al calzado hecho a la medida, Foster & Son elabora pequeñas y muy cuidadas series de zapatos y botas en tallas estándar, a las que se suma un gama de exquisitas carteras, maletines, monederos y cinturones. De esta forma, la empresa se adecúa a las tendencias de cada época sin renunciar a su tradición. Foster & Son es la prueba palpable de que la artesanía clásica mantiene su vigencia como negocio rentable.

Zapatos alineados en un estante

Entre los clientes de Foster & Son ha habido y sigue habiendo numerosas personalidades, sobre cuyos nombres los encargados prefieren, eso sí, guardar reserva.

Un maletín sobre un aparador, en cuya parte inferior se exhiben zapatos.

Junto al calzado a la medida, la empresa fabrica pequeñas series en tallas estándar, así como carteras, maletines, monederos y cinturones.

Un zapato montado sobre el brazo de una máquina de coser histórica.

Una anécdota que se cuenta muy a menudo es la del cliente muy ocupado y el paciente maestro zapatero de Foster & Son.

Photos: Heldth (Teymur Madjderey)

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