Mazapán, macarrones y merengue: estar de visita en la Confiserie tradicional Namur.

Una Sprinter con sistema de refrigeración está aparcada delante de la Confiserie Namur en la Ciudad de Luxemburgo

Desde hace 155 años, la Confiserie Namur incita a los luxemburgueses a probar sus golosinas. En la sexta generación también, su fórmula de éxito se basa en sus habilidades manuales y artísticas.

Confitería, pastelería y heladería: las diversas facetas de los maestros del buen sabor.

Cuando las puertas de la Confiserie Namur se abren por la mañana, un grupo de señoras mayores de buen humor ya está esperando a ser admitido. Muchas damas luxemburguesas prefieren empezar el día con una taza de café bien caliente, un dulce palo de nata o un delicioso trozo de pastel en la pastelería más vieja de la ciudad. La Ciudad de Luxemburgo es la capital del pequeño pero notable Gran Ducado del mismo nombre. Allí, en el corazón del microestado, parece que la vida se mueve a un ritmo más lento del que se suele encontrar en las ajetreadas urbes alemanas. Pero, aunque de vez en cuando los luxemburgueses vayan corriendo por las callejuelas de su ciudad, delante del escaparate de la Confiserie Namur todos aflojan el ritmo para echar un vistazo rápido a las golosinas y confites cuidadosamente arreglados. Namur es la Meca de todos los hipoglucémicos, y, por la calidad de sus productos, precisamente lo contrario de los cubos llenos de mazapán barato que se venden en los supermercados. Todo lo que se presenta en el escaparate de la Confiserie bajo las miradas nostálgicas de tantos peatones, fue elaborado durante la noche en un arduo proceso manual y con ingredientes cuidadosamente seleccionados.

Lo que hace que nuestra Confiserie sea especial es nuestra habilidad manual, la selección cuidadosa de las materias primas y la atención a los detalles. Hasta la actualidad, nuestros clientes aprecian la calidad de los productos que fabricamos.
El luxemburgués Max Nickels en la confitería y pastelería Namur

Max Nickels dirige la empresa en la sexta generación. Personalmente no le importa dejar de lado los postres, nos cuenta con una sonrisa.

Almendras y castañas de Italia seleccionadas a mano.

Max Nickels y su hermana Anne son la sexta generación que dirige el negocio tradicional. De niños, vivían por encima de la panadería y el Salon en el distrito luxemburgués de Hamm, y desde muy joven aprendieron jugando cómo se fabrican los dulces y cómo funciona el negocio. Lo que tiene una importancia especial para Max Nickels es la promesa de calidad que ha asumido frente a sus clientes de muchos años: “Escogemos nuestras materias primas in situ. En muchos casos, conocemos a nuestros socios empresariales desde hace varias décadas. La mayoría de los ingredientes frescos, como las fresas, las compramos en la región, en Luxemburgo mismo, pero para conseguir las nueces viajamos a Italia, a la región de Piamonte, por ejemplo. Desde allí transportamos las almendras o las castañas a la planta de producción en Hamm y las elaboramos de manera tradicional. Todo esto nos permite crear un sabor único que difiere del sabor que se obtiene con la producción en gran escala basada en máquinas”, explica el gerente con orgullo.

  • Una pastelera de la Confiserie Namur está decorando pastelitos
  • Macarons y pastelitos de varios colores expuestos en el escaparate de la Confiserie Namur
  • Macarons de varios calores y Monts Blancs dulces – especialidades de la Confiserie Namur
  • Una empleada de la Confiserie Namur mete un pastel en el horno

Haciendo escala en Metz, París, Nueva York y Sacramento.

Durante sus años de aprendizaje itinerante, el trastatarabuelo de Max y Anne Nickels, Nicolas Namur – a quien le encantaba viajar – había reunido recetas de Metz, Paris, Nueva York y Sacramento. Después de haber fundado su primera pastelería en la ciudad californiana de Sacramento en 1854, el trotamundos por fin volvió a su tierra natal, Luxemburgo. Cuando creó la Confiserie Namur en 1863, el surtido consistió principalmente en pasteles clásicos y caramelos. Además de recurrir a las recetas originales del trastatarabuelo, los Nickel hoy día también fabrican tartas heladas, trufas, petits fours (pastelitos), mazapán, turrón, fruta confitada, bombones y otras golosinas más. Su cartera de productos comprende dos mil artículos diferentes, todos los cuales siempre se elaboran frescos y en función de las temporadas. Todas las noches, la planta de producción en Hamm suministra sus productos a un total de siete sucursales. Seis de los emplazamientos se encuentran en Luxemburgo, en Esch o Ingeldorf, entre otros, y uno está situado en la ciudad francesa de Metz. Cuando Max Nickels o su hermana intentan visitar las tiendas, utilizan los coches de la empresa – una Mercedes-Benz Sprinter y una Vito con el logotipo curvado de “Namur”. En el sistema de refrigeración, las artísticas creaciones con chocolate se mantienen frescas y siguen teniendo un aspecto muy apetitoso una vez terminado el viaje de Hamm a Metz. La calidad fiable de los vehículos Mercedes-Benz garantiza que las golosinas llegarán sin ningún percance a cada destino.

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Las especialidades de la casa son los Knippercher y los Monts Blancs.

La Confiserie Namur es famosa tanto por sus bombones de chocolate típicamente luxemburgueses, los Knippercher, como por el fino ganache Mont Blanc, elaborado con una delicada crema de castañas, nata fresca y merengues crujientes. En la casa Namur también se pueden encontrar diferentes variedades de los populares Macarons – según Max Nickels se trata de un pastel de moda que recientemente ha vuelto a estar muy solicitado. No es ninguna sorpresa que Namur produce unos Macarons especialmente sabrosos, ya que el nieto de Nicolas Namur – y por lo tanto el bisabuelo de Max Nickels – aprendió su oficio de maestro chocolatero en la compañía Sprüngli en Zúrich, Suiza. Sprüngli fue una de las primeras empresas clásicas que empezó a batir las claras de huevo – originalmente un producto residual – hasta obtener una espuma, y que, añadiéndole harina de almendras, creó el Macaron clásico llamado “Luxemburgerli”. Sean Knippercher, Monts Blancs o Macarons, a los luxemburgueses pequeños y grandes les encanta su Confiserie Namur. Para las personas mayores del Gran Ducado, la continuidad de los Salons tiene un efecto tranquilizador, mientras que los jóvenes clientes recuerdan con agrado cómo de niños, llevados de la mano por la abuela, se quedaron embobados mirando el escaparate. Como también se les ocurrió a Max y Anne en su niñez, los mejores recuerdos de la infancia suelen ser los más dulces.

La Mercedes-Benz Sprinter de la compañía Namur cruza un puente histórico en Luxemburgo

El tranquilo Gran Ducado de Luxemburgo en el corazón de EU es un paraíso para gourmets que también se distingue por sus paisajes pintorescos.

Fotos: Jaydee Nujsongsinn; Lynn Theisen

Enlaces para explorar más: namur.lu – @Facebook

Sprinter

Sean cuales sean sus cometidos: la Sprinter le facilita el trabajo diario. Nunca se echa atrás, por exigentes que sean sus tareas. Y puede con todo lo que echen. Gracias a las numerosas variantes y más de 600 equipos opcionales, la Sprinter satisface todas sus expectativas, por singulares que parezcan.

Mercedes-Benz Sprinter
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