Tradición y pasión: Un taller de herrador móvil en La Gironda.

Wolfgang Albert delante de su Vito; al fondo: unas caballerizas

Para Wolfgang Albert la felicidad se encuentra bajo los cascos de los caballos. En la idílica Gironda, Wolfang ejerce el oficio tradicional de herrador.

Un oficio peculiar: herrador.

A primeras horas de la mañana en el suroeste de Francia. En un pueblo del interior de Burdeos los primeros rayos de sol brillan a través del exuberante verdor de los árboles. Aquí tiene su hogar Wolfgang Albert. Ya se ha levantado y le espera una larga jornada. Concentrado, va colocando en interior de su Vito los martillos, las escofinas, las tenazas, los clavos y, por último, un pesado mandil de cuero. Wolfgang, de 46 años, ha encontrado su vocación en el tradicional oficio de herrador. “Lo bonito de mi oficio es que puedo estar todo el tiempo al aire libre”, dice con entusiasmo, mientras en su rostro se dibuja una sonrisa de satisfacción. Wolfgang está a punto de salir a visitar a un cliente. Poco después, su Vito serpentea en medio del idílico paisaje girondino.

Wolfgang da una zanahoria a un caballo en el establo

La profunda confianza que reina entre Wolfgang y sus “clientes” equinos está presente en todo momento.

De fanático por los caballos a herrador.

¿Pero cómo se llega a ser herrador? Wolfgang nunca quiso hacer otra cosa que no fuese trabajar con caballos. Estos nobles animales siempre han sido su gran pasión. A temprana edad solía pasar todo su tiempo libre en las caballerizas y en las clases de equitación y participaba, además, en competiciones hípicas. A los 16 años inició una FP de herrador, para luego hacer la mili en unas cuadras del ejército. Después, pudo hacer finalmente aquello para lo que se había preparado durante tanto tiempo: trabajar como herrador autónomo, oficio que viene ejerciendo con gran entrega y sensibilidad desde hace ya 25 años. Y es que Wolfang tiene el don de entender el comportamiento y el lenguaje corporal de los caballos. “Para trabajar con caballos se necesita mucha pasión por el oficio”, explica.

En este oficio la máquina nunca podrá sustituir al ser humano.
  • Wolfgang acaricia un caballo en medio del campo
  • La Vito de Wolfgang se desplaza por una carretera rural
  • Vista lateral de la Vito a la entrada de un corral
  • Wolfgang sujeta a un caballo por el cabestro en medio del campo

“Zapatos” a la medida para ungulados.

Tras llegar a la finca, Wolfgang pasea delante de las numerosas caballerizas. Su “cartera de clientes” está formada por unos 200 caballos que debe atender periódicamente. La herradura debe ser sustituida en intervalos de seis a ocho semanas. “Para los caballos, las herraduras son como zapatos que les protegen de las lesiones”, explica: “La tarea del herrador consiste en que el caballo se sienta a gusto en sus zapatos para que pueda entrenar y practicar su deporte.”

Wolfgang nos explica que los caballos no están habituados a que se les hierre y que hay, por tanto, que acostumbrarles a ello. Todo herrador ha recibido alguna vez una coz o un pisotón. Preguntado acerca de si tiene algún método especial para tratar a los caballos, contesta sonriendo: “Si uno se muestra tranquilo y relajado, si les acaricia y les da de vez en cuando alguna zanahoria, la relación con el animal será de confianza.” Y es que los caballos notan cuando la persona que está su lado se pone nerviosa y tensa.

Artesanía atemporal.

“Cuando herré un caballo primera vez, me sentí muy orgulloso, a pesar de que el resultado de mi trabajo no fue óptimo”, recuerda Wolfgang. Su formación profesional le marcó de forma decisiva. Su maestro era un herrador veterano que aún practicaba el oficio a la manera tradicional. Por cierto, estamos hablando de un oficio de más de 2.000 años de antigüedad y en el que la técnica de herrado se mantiene casi igual desde hace siglos. Entre las cosas más importantes que le enseñó su maestro, Wolfgang destaca la importancia de éste daba a la actitud ante los caballos. Ahora es él propio Wolfgang quien, a través de cursos de formación profesional trasmite sus conocimientos a las jóvenes generaciones. De esta forma se conserva la tradición de un oficia cada vez más inusual.

Las seis fases de elaboración de una herradura a medida:

  1. La observación de la marcha del caballo para establecer su punto de equilibrio proporciona una valiosa información de cara al procedimiento de herrado.
  2. Preparación de la pezuña: Se debe retirar la herradura usada así como la parte del casco que ha crecido, desde que esta se colocó. Posteriormente se ha de escofinar el casco.
  3. Moldeado de la herradura en caliente: La nueva herradura se calienta en el horno y se moldea en el yunque. Cuanto más alta su temperatura, tanto más fácil será el moldeado.
  4. Enfriamiento de la herradura. En esta fase se puede, opcionalmente, introducir una hilo de acero para fijarla mejor.
  5. Clavado de la herradura en el casco. El acabado posterior incluye el recorte de las rebabas de los cascos con las tenazas especiales.
  6. Para finalizar, el herrador levanta la pata del caballo y luego, cuando este vuelve a pisar el suelo, verifica la colocación de la herradura, y si hace falta, la corrige.

Wolfgang quita una herradura usada del casco de un caballo

Extracción de la herradura usada.

Esmerilado de una herradura con las correspondientes chispas

El trabajo con herramientas cortantes y a altas temperaturas forma parte de la rutina de todo herrador.

Wolfgang golpea la herradura al rojo vivo con un martillo

A golpes de martillo, la herradura al rojo vivo se moldea en el yunque.

Wolfgang sostiene la herradura humeante en el casco de un caballo

Herrado directamente en caliente sobre el casco.

Vapor saliendo de un cubo con agua en el que se enfría una herradura

Posteriormente se procede a enfriar la herradura.

Las rebabas de los cascos se recortan con una tenaza especial

Después de clavar la herradura en el casco se recortan de las rebabas.

Siempre operativo: el taller móvil a bordo de la Vito.

A diferencia de épocas pasadas en las que se llevaba los caballos al herrador, Wolfgang recorre actualmente un radio de aproximadamente 200 kilómetros para visitar a sus clientes. A estos efectos ha acondicionado una Mercedes-Benz Vito, convirtiéndola en un auténtico taller sobre ruedas, en el cual siempre tiene a mano las herramientas que precisa. “El interior está organizado de forma que yo pueda trabajar cerca del vehículo sin tener que sacar de él las herramientas”, explica, mientras coloca las herraduras a un caballo al que no deja de susurrar palabras tranquilizantes al oído. Cada una de sus maniobras surte el efecto previsto y el herrado se asemeja a una coreografía, que se inicia cada mañana al preparar la furgoneta para la próxima tarea. “Antes de salir, aparto las herraduras usadas que he quitado el día anterior, pongo en el interior una carga de herraduras nuevas y pongo a punto mis herramientas.”

Diariamente recorro muchos kilómetros, por eso necesito un vehículo del que me pueda fiar.
Un caballo asoma la cabeza por la abertura de un establo

Para trabajar con estos sensibles animales hay que ser observador y tener capacidad de empatía.

Photos: Nadine Laux

Vito

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Mercedes-Benz Vito
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