La L 319 de un concesionario especializado en vehículos clásicos vive un momento milagroso

Desde hace tres generaciones, la familia Hagenlocher viene comercializando vehículos Mercedes-Benz nuevos y antiguos, entre los que se encuentra una extraordinaria y ya famosa L 319 que se ha convertido en símbolo de su pasión por los vehículos clásicos.

Lugar de encuentro para amantes de los vehículos clásicos

El taller del concesionario Hagenlocher, situado en una localidad cercana a Stuttgart, es amplio y agradablemente claro. Sobre diversas mesas hay docenas de pequeños tornillos y grandes pistones perfectamente alineados. Un vehículo nuevo de la clase B, que ha sido traído para cambiarle los neumáticos, pasa delante de algunos coches antiguos elevados sobre caballetes. Klaus Hagenlocher nos conduce hacia cada uno de ello, revelándonos detalles de su historia, mientras – para dar más énfasis a su historia – va cogiendo piezas de motor impregnadas de aceite o inclinándose ante algún vehículo cuyo capó se encuentra abierto. Apenas acaba de lavarse las manos, cuando la puerta eléctrica que da a su taller se abre y en el umbral se detiene un Mercedes-Benz SL de los años 70, pulido a alto brillo, mientras Klaus prosigue sus explicaciones. La profusión de datos e imágenes hace que la cabeza nos zumbe un poco y de esta forma, lo que estaba previsto como una breve visita se convierte en una mañana entera sumergidos en el mundo de los clásicos Mercedes-Benz. Pero la verdad es que hemos venido a ver una legendaria L 319 …

La L 319 en la galería de vehículos legendarios

El „milagro azul“

Klaus Hagenlocher y su padre, Kurt, decidieron, transformar una antigua L 319 conservando su estilo, para transportar en ella sus turismos clásicos. A estos efectos tomaron como modelo la legendaria furgoneta que en su día transportara al flecha de plata, que alcanzó fama mundial con el apodo de „milagro azul “. La furgoneta que llegó a alcanzar velocidades de hasta 170 km/h, adelantaba, como si de una nave espacial se tratara, a la mayor parte de los turismos que encontraba a su paso infundiendo respeto a sus competidores. Klaus Hagenlocher buscaba para su empresa un vehículo que, teniendo un idéntico carácter emblemático, no relegara a segundo planos a los coches clásicos que él y sus empleados restauran. Y la L 319 era ideal para este cometido. Este arquetipo de las furgonetas de la estrella se ha ganado un lugar definitivo en la galería de vehículos legendarios, que también gestiona Hagenlocher. Por su aspecto casi infantil, la furgoneta cuenta con gran cantidad de seguidores. Ambos milagros azules son almas gemelas, prácticas y de perfectas formas.

El puesto de conducción de la L 319

Armando un rompecabezas

En su oficina, Klaus Hagenlocher nos enseña una carpeta con numerosas fotos que muestran tendidos de cables, zonas de corrosión y tornillos prolijamente alineados. Nosotros observamos incrédulos la furgoneta de color azul chillón estacionada en la galería de vehículos legendarios. De manera análoga a la restauración del primer „milagro azul“, la de la L 319 empezó en un desguace. La base la proporcionaron la carrocería y el chasis de un vehículo con plataforma abierta usado anteriormente en obras de construcción. El techo de la cabina se había hundido varios centímetros y la parte del paragolpes situada bajo los faros estaba totalmente corroída por el óxido. Los 43 caballos del motor diésel resultaban claramente insuficientes y había que conseguir un recambio. En los restos de un furgón, Hagenlocher y su gente encontraron un motor de gasolina que permitiría aumentar la potencia a unos 68 caballos. Pero, desgraciadamente, esta pieza tampoco era utilizable. Kurt Hagenlocher y su hijo tenían una montaña de trabajo por delante.

Klaus Hagenlocher vuelve a colocar el capó en su sitio

Al transformar la L 319 Kurt y Klaus Hagenlocher se tomaron algunas libertades, lo que no impidió que el vehículo obtuviera la clasificación oficial de „clásico, como acredita la „H“ que figura en su matrícula. Para ello se deben cumplir los siguientes requisitos:

– El vehículo debe tener una antigüedad mínima de 30 años.

– El chasis y el tren de rodaje, que son los elementos determinantes, deben encontrarse en su estado original.

-El motor debe incorporar, mayoritariamente, piezas originales y pertenecer a la misma serie constructiva que el vehículo en su conjunto.

-El vehículo debe encontrarse en buen estado general, permitiéndose las pequeñas rayaduras u otras huellas de uso.

– Los accesorios, el color y el equipamiento interior deben ser „de época“, lo cual implica que los materiales empleados o equipos como la radio deben ser análogos a los existentes en el tiempo de fabricación del vehículo o debe corresponder a los estándares entonces vigentes, descartándose por tanto el uso de elementos como las radios Bluetooth o las llantas de aluminio.

– En Alemania, la denominada “matrícula H“ es otorgada por la entidad de inspección técnica, TÜV,   y puede ser denegada si en una de las inspecciones periódicas se detecta un incumplimiento de los requisitos, cuya lista completa está disponible en este misma entidad.

De una sola pieza

El proyecto se llevó a cabo con mucha pasión y energía creativa. En primer lugar, se eliminaron todas las zonas afectadas por la corrosión y se recortaron partes enteras de la carrocería. Asimismo, piezas como los peldaños, se reconstruyeron para ser luego unidas a la parte de la carrocería que se encontraba en buen estado. El resultado correspondiente ha sido casi perfecto y a los ojos de un lego las transformaciones pasarían desapercibidas. Asimismo, en los guardabarros se incorporaron piezas soldadas, las que después de ser esmeriladas, fueron alisadas aplicándoseles plástico líquido. Tras otros numerosos trabajos de pintura y esmerilado la superficie de la carrocería quedó suave como una caricia. El chasis de la L 319 fue alargado un poco y su parte posterior se rebajó, tomado de referencia la longitud del antiguo Mercedes-Benz Ponton Cabriolet, propiedad de la familia, modelo que en su día se tomó de referencia para la fabricación de la cabina de la furgoneta que transportó al flecha de plata.

Distintivo de Mercedes-Benz bajo el parabrisas

Un ejemplar único con máxima autenticidad

Al llevar a cabo la restauración se consideró hasta el más mínimo detalle, desde el distintivo usado por la empresa en tiempos del „milagro económico”, pasando por la estrella sobre la parrilla del radiador hasta la leve curvatura de la plataforma, adaptada de forma elegante a la de la cabina. Para ejecutar los exhaustivos trabajos de transformación y montaje Klaus Hagenlocher recurrió a su experiencia en el diseño de carrocerías, donde se ha distinguido desde siempre por su afán de perfección. La dirección de este proyecto de largo aliento fue asumida por su padre Kurt.

La minuciosa planificación del trabajo ha permitido que la L 319 se encuentre hoy totalmente operativa. En la parte posterior de la cabina, bajo una cubierta, se guarda todo tipo de cables y correas. Asimismo, por detrás del paragolpes trasero se pueden extraer los rieles que se transportan bajo la plataforma y que permiten subir a ésta los vehículos que ruedan con facilidad al ser tirados mediante un cabrestante. El objetivo era que los todos los elementos de la L 319 transformada tuvieran el mayor grado de autenticidad posible. La perfección del resultado ha dejado asombrados a los observadores y, en consecuencia con ello, esta extraordinaria furgoneta ha pasado a ser una estrella en el ámbito de los vehículos clásicos, a la que la prensa especializada ha dedicado reiteradas alabanzas.


Autohaus Hagenlocher GmbH
Stuttgart, Germany
www.hagenlocher-classic.de