Original Craftsmen: Blenheim Forge crea un trabajo manual afilado

Al principio fue un juego, ahora es su profesión y su empresa: Los tres amigos de Blenheim Forge forjan en estilo damasquinado unos cuchillos relucientes, afilados y extraordinariamente resistentes: desde el barrio londinense de Peckham para el mundo entero.

Afición y pasión se convierten en vocación

Un traqueteo estridente llena la estrecha calle bordeada de casas de ladrillo en Blenheim Grove. Viene del tren que, en este momento, se está parando muy lentamente en las vías de la cercana Peckham Rye Station. Aquí en Peckham, un barrio del Sur de Londres, Jon Warshawsky, James Ross-Harris y Richard Warner han creado su propia cuchillería. Para ver el interior del taller se necesita atravesar primero una puerta de acero tan impresionante como pesada. Detrás esperan paredes altas, todo tipo de herramientas y, naturalmente, armarios de madera llenos de cuchillos de alta calidad. ¿Qué impulsa a tres jóvenes ingleses a fabricar precisamente cuchillos? «En realidad fue casualidad», admite James. Jon y él estaban experimentando un poco para divertirse. «Simplemente quisimos intentar hacer nuestros propios cuchillos», explica James, consciente de lo ingenuas que pueden sonar sus palabras en un primer momento. Pero los británicos continuaron, el juego se convirtió en afición, la afición en pasión, y de la pasión surgió finalmente su profesión. «Ahora, unos años después, estamos aquí y lo hacemos a tiempo completo.»

Un indicador con la inscripción «Blenheim Forge»

El fracaso es parte del éxito

Al finalizar sus estudios en el Goldsmith College de Londres, James se concentró primero en la fabricación de muebles a medida, pero no se sentía satisfecho con aquel trabajo. Junto con su compañero de piso, Jon se atrevió entonces a iniciar el gran experimento: con la ayuda de unos vídeos de YouTube, los entonces artesanos aficionados fabricaron su primer cuchillo, y tuvieron que constatar rápidamente que, seguramente, el éxito inicial fue más fruto de la suerte que de las habilidades. A partir de entonces, pasaron todos los fines de semana tratando de reproducir el cuchillo logrado en su momento, generalmente con más pena que gloria. Luego se juntó Richard, que había trabajado anteriormente de minero en Australia: el trío estaba completo, y empezaron a avanzar.

Algunos cuchillos colocados en una estantería

Una técnica especial para unos productos especiales

Lo que les faltaba a los tres era un taller. Finalmente, lo encontraron en el citado barrio de Peckham, con lo cual quedó establecida la base. Sin embargo, ya les estaba esperando el siguiente obstáculo. «Cuando nos mudamos aquí, solo teníamos unas herramientas muy rudimentarias», cuenta James. «Por ello, los dos primeros años después de la creación de Blenheim Forge reinvertimos todo el dinero que ganamos en nuevos medios de trabajo.» Sabe que «sin el equipamiento adecuado simplemente no es posible hacer buenos cuchillos.» Desde entonces, los tres han ido perfeccionando continuamente su artesanía, convirtiéndose de meros artesanos en artistas y adquiriendo una buena reputación en la que es probablemente una de las disciplinas más duras del trabajo del acero: la producción de cuchillos de cocina de alta calidad al estilo damasquinado.

¿Qué es el estilo damasquinado?

Inspirados en el diseño japonés, los cuchillos de Blenheim Forges brillan en magníficos tonos plateados, grises profundos y reluciente cobre. Pero las apariencias engañan, porque ofrecen mucho más que solo un aspecto atractivo:

el concepto de acero damasquinado, denominado también como acero damasceno, tiene su origen en la ciudad de Damasco. En el siglo XII, fue un lugar importante para el comercio de armas. El material en sí denomina a la unión de una o varias clases de acero. Para conseguir un efecto especialmente atractivo se pueden soldar hasta 400 capas. Al someter el material posteriormente a un pulido o grabado químico, se muestra la estructura de las distintas capas.

La leyenda cuenta que las espadas hechas de acero de Damasco son irrompibles, increíblemente bellas y, sobre todo, hacen que su propietario sea invencible en la lucha. Dicen que el material es más afilado y más duro que todos los demás aceros del mundo, y los cuchillos de Blenheim Forge confirman este hecho en la actualidad.

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Ted Jefferis crea y fabrica muebles de diseño premiados. Para este fin, el inglés recurre a la artesanía tradicional. En 2013, fundó la empresa «TedWood».

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Dos hombres en un taller

También en lo que respecta a los cuchillos, más vale calidad que cantidad

Calor, suciedad y líquidos corrosivos son lo acompañantes omnipresentes de los tres artesanos. Por este motivo, les quedó rápidamente claro que esta profesión no está hecha para almas delicadas. A pesar de todo, los tres londinenses no quieren saber nada del trabajo mecanizado. Están comprometidos con la fabricación tradicional de cuchillos. «Hay muchos contratiempos», admite James. «Pero hemos desarrollado un proceso de producción que funciona bastante bien.» A cada cuchillo bueno, dice, le sigue al menos uno que no cumple las exigencias y que se tiene que desechar. Sin embargo, rendirse nunca ha sido una opción para los tres amigos, y por este motivo se han mantenido fieles a ellos mismos. Siguen haciendo toda la producción manualmente. Cada cuchillo es una pieza única, para regocijo de los clientes. «Cuando empezamos, no sabíamos si existía un mercado para nuestros productos. Solo pensamos que, tal vez, a la gente le gustaría tener un cuchillo fabuloso», cuenta James. «Entre tanto, ya los estamos enviando al mundo entero: a cocineros profesionales y aficionados y a coleccionistas.»

Las cosas buenas necesitan tiempo

Gracias a su producción tradicional, a unos materiales selectos y a un auténtico trabajo manual, los cuchillos de los tres artesanos son apreciados en el mundo entero: actualmente, el plazo de entrega de un pedido es de unas tres semanas. Para la fabricación de cada cuchillo, el trío prevé 30 horas de trabajo, con una producción semanal de entre 20 y 30 unidades. Para asegurar una calidad óptima a pesar del gran volumen de trabajo, los tres han desarrollado un método: en cierta manera, su propio sistema de calidad. «Tratamos de dividirnos el trabajo para evitar que uno de nosotros tenga que realizar demasiado tiempo una determinada tarea», informa James. Y esto da sus frutos. Porque los tres cuchilleros autodidactas están seguros de una cosa: «Con un cuidado adecuado, un cuchillo hecho a mano de Blenheim Forge dura toda la vida.»