Bebidas heladas, en cualquier momento y lugar: los cócteles kukki calientan el corazón

Ésta es una historia de amor. Trata de cócteles kukki y de los fundadores Sepp, Saif y Andreas. Y de Bernd y su bebé: el Mercedes-Benz Sprinter.

Primero subestimados, luego estimados

Cócteles con hielo de la botella: ¿quién querrá algo así? Precisamente esto es lo que, al principio, tenía que escuchar Josef Klemm, y no solo una vez, cuando contaba a sus amigos y conocidos de su idea del cóctel kukki. «Sí, al principio, todos nos trataron de locos», recuerda «Sepp». Ni siquiera los comerciantes le tomaron en serio. «Por lo tanto, simplemente nos pusimos en marcha solos y nos presentamos en unas ferias.» Hoy, los fundadores de la start-up de cócteles lo saben: «¡Todos quieren nuestros cócteles kukki!»

Sepp es originario de Baviera y no le gusta la cerveza: una combinación poco usual. Por este motivo buscó una alternativa y tuvo la idea de preparar simplemente sus propios cócteles: para llevar. Esto significa que el hielo ya tenía que estar en la botella. Así nació la idea. Pero, ¿era realmente factible?

En 2013, Sepp conoció al estudiar su segunda carrera de Ingeniería mecánica en Berlín al segundo fundador, Saif Hamed. Juntos, los dos construyeron aparatos y máquinas para otras empresas, pero el dúo llego a aburrirse rápidamente. Decidieron seguir trabajando en la idea de Sepp de los cócteles y, finalmente, fundaron en 2014 junto con el tercero de la alianza, Andreas Romanowski, la start-up «kukki Cocktail». En agosto de 2016 había llegado el momento: el primer cóctel kukki estaba listo para beber.

Diferentes cócteles kukki están colocados en una estantería y en un frigorífico en las oficinas de la start-up

Todo hecho en casa: los cócteles kukki están hechos con pasión

Lo especial de los cócteles kukki: representan el primer cóctel preparado con hielo y fruta fresca que sale directamente de la botella. «Queríamos que los cócteles pudieran consumirse en cualquier lugar, no solo en la barra», explica Sepp. Por este motivo, los cócteles kukki salen del congelador. Al descongelar el cóctel, se vuelve líquido, pero el hielo no se deshace debido a su gran densidad. «Esta tecnología fascina a nuestros clientes. Por mucho que se la expliquemos, se siguen sorprendiendo al tener el cóctel en la mano», dice Sepp. «El hielo actúa a la vez como conservante, con lo cual no necesitamos ningún tipo de productos químicos», completa Andreas. «Esto lo podemos garantizar, porque con nosotros, todo está hecho en casa: siempre entramos en la producción a las 5.30 horas de la mañana y fabricamos nosotros mismos nuestros zumos, el jarabe y el alcohol.» Incluso las botellas se entregan en bruto, «para que podamos realizar nosotros mismos la impresión», aclara Andreas. «A continuación, lo envasamos todos según nuestra propia receta en las botellas recién impresas, añadimos el hielo y congelamos las botellas.»

¿Y las recetas? Éstas las crea Saif. Ciertamente, todo empezó con unos cócteles inusuales de creación propia que no funcionaban siempre. Pero según el método «trial and error», Saif ideó siempre nuevas mezclas hasta corresponder finalmente al gusto de los demás. Actualmente, en el surtido de kukki tampoco faltan los clásicos, tales como el «Moscow Mule».

Andreas, Saif y Sepp están sentados en un sofá en sus oficinas

Todos los comienzos son difíciles, también para kukki

De todas maneras, el camino hacia el cóctel perfecto no ha sido siempre fácil. «¿Por dónde empezamos para contar todas las dificultades?», se ríen los tres. El mayor reto: la logística. Originalmente, todo el proceso logístico debía desarrollarse a una temperatura de entre cinco y siete grados bajo cero, dado que, a esta temperatura, el alcohol se mantiene líquido y los cubitos de hielo sólidos: un desafío imposible de superar. Por lo tanto, ¿cómo lograron los tres solucionar el problema? Ahora, los cócteles se congelan a 18 grados bajo cero. Para descongelarlos, Sepp ha diseñado la denominada «tostadora»: una pequeña máquina que se puede alquilar y que descongela los cócteles con la ayuda de infrarrojos hasta la temperatura perfecta. El siguiente obstáculo para el trío de fundadores consistió en definir el completo proceso de fabricación interno. Sobre todo para el hielo se necesitaba una máquina especial, que fue diseñada igualmente por Sepp.

A pesar de todas las dificultades, los tres fundadores siempre confiaron en una cosa: su intuición. «No hay ningún plan maestro que nos indique dónde queremos estar en 30 días. Tampoco somos los clásicos gerentes ni profesionales de las finanzas. Lo vamos aprendiendo todo sobre la marcha, cometemos muchos errores y tratamos entonces de corregirlos lo antes posible», explica Andreas. Y esto funciona: «Nuestra única idea era ofrecer una alternativa a la cerveza, el vino o el cuba libre. Hoy, los cócteles kukki se pueden tomar incluso en la terraza-solarium de un Ritz-Carlton.» Desde los inicios en Berlín, los cócteles kukki ya se encuentran ahora en toda Alemania. Y la empresa sigue creciendo.

Varios cócteles kukki recién salidos de la producción
Andreas y Saif charlan con dos empleados de la start-up
Vista frontal del Mercedes-Benz Sprinter de la start-up

El Mercedes-Benz Sprinter como fiel acompañante

De momento, la start-up tiene su sede en Berlín. Las oficinas y el local de producción se encuentran en el mismo emplazamiento. «La proximidad es importante para nosotros», dice Saif. «kukki vive de la producción. Invertimos mucha pasión en nuestra empresa. No hacemos un producto que salga de alguna fábrica. Respondemos de todo lo que lleva dentro y estamos presentes en todo el proceso. Por este motivo, todo el mundo debe poder ver la producción.» Además de las oficinas, otro activo fijo de la empresa es el Mercedes-Benz Sprinter: el llamado «kukki-móvil». Siempre al volante: Bernd.

Dos cócteles kukki encima de una mesa en plena naturaleza

El bebé de Bernd: el «kukki-móvil»

Originalmente, Bernd trabajaba para otro servicio de reparto. Gracias a Sepp, hoy forma parte de la familia de kukki y conduce su amado kukki-móvil. «El «kukki-móvil» es su bebé», se ríe Saif. «Antes de devolverle el Sprinter tenemos que hacer limpieza. Si no, Bernd se enfada.» Andreas añade riendo: «Hay que imaginárselo así: Bernd y Sprinter forman una unidad. Por la mañana se despiertan juntos y por la noche se van a dormir juntos.» El Mercedes-Benz Sprinter ayuda a la start-up en todos sus transportes: además de las entregas, también sirve para ir de feria.

Bernd, con los brazos cruzados delante del kukki-móvil.

La familia de kukki es innovadora

Sin embargo, en la actualidad los tres fundadores ya cuentan con más ayudantes además de Bernd: entre tanto trabajan 15 personas en las áreas de desarrollo, producción, logística, marketing y en la oficina de kukki Cocktail. La particularidad del trabajo en kukki es que no se trata de un consorcio clásico con un ámbito de tareas limitado. «Cada uno tiene la oportunidad de participar y aportar sus ideas. Somos innovadores, no solo a nivel del producto, sino también en lo que respecta a nuestra gente», explica Andreas. «Nuestra familia kukki se ha formado básicamente por el azar: hemos ido tocando a las personas que encontramos y de las cuales opinábamos que tendrían cabida en la start-up. Y una vez que se pasa a formar parte de la familia kukki, ya no se puede salir», explica Saif.

A la vista del éxito se plantea la cuestión de cuál será el siguiente objetivo. «Solo tenemos una meta: todo lo que sabe bien y que tenga hielo en la botella debería venir de kukki», explica Sepp. «Nuestra nueva tecnología del hielo solo es el inicio», completa Andreas. «Pero dado que ya nos trataron de locos cuando presentábamos la primera ocurrencia, vamos poco a poco con las muchas ideas que tenemos. Paso a paso.»

El Mercedes-Benz Sprinter de la start-up, el denominado kukki-móvil, está preparado para su próxima misión.